miércoles, 12 de junio de 2019

Refugiados coralinos (Alejandro)

En el pasado los corales migraron para huir del calentamiento del agua.
Conforme el planeta y los mares se calientan, los lugares donde hasta hace poco prosperaba el coral resultan cada vez menos habitables. A causa del inusitado ascenso de la temperatura, gran parte de la Gran Barrera de Coral australiana sufrió en 2016 y 2017 un blanqueo masivo que convirtió auténticas exhibiciones de vistosos corales en monótonas masas emblanquecidas.

Pero los paleontólogos han descubierto un paraíso al que se podría trasladar uno de los arrecifes de la región para escapar al sobrecalentamiento. Lo conseguiría a través de las corrientes oceánicas, cuando el coral se halla en su fase larvaria, suspendido en el agua. Con el estudio de fósiles procedentes de la bahía de Daya, justo al noreste de Hong Kong, en el mar de la China Meridional, un equipo de investigación descubrió que, durante períodos de calentamiento acaecidos en el pasado remoto, los arrecifes coralinos migraron desde las cálidas aguas ecuatoriales hasta latitudes subtropicales más acogedoras.
«Hemos visto que los corales de latitudes altas que circundan China surgieron durante períodos cálidos precedentes», afirma Tara Clark, paleoecóloga de la Universidad de Wollongong. En 2015, encabezó una expedición científica a la citada bahía. Allí tomaron al azar muestras de corales muertos y calcularon su antigüedad con técnicas de datación radioisotópicas. Los antiguos arrecifes crecieron hace entre 6850 y 5510 años, según han descrito el pasado enero en Geology, lo cual coincide con una época en que la temperatura del mar de la China Meridional y de los mares cercanos era en promedio uno o dos grados más cálida que en la actualidad. Esta tendencia indica que algunos arrecifes podrían crecer en lugares como la bahía de Daya en las décadas venideras, a medida que aumente la temperatura.

La idea de trasladar arrecifes amenazados no es nueva, pero usar el registro fósil para localizar tales lugares sí lo es bastante, matiza John Pandolfi, paleoecólogo marino de la Universidad de Queensland que no ha participado en el novedoso trabajo. «Es primordial conocer la dinámica de las comunidades ecológicas y sus respuestas al cambio ecológico», asegura. Ese tipo de alteraciones suele suceder en escalas cronológicas más extensas que las humanas, por lo que el registro fósil puede revelar las que se producen a tan largo plazo, destaca Pandolfi.

Si bien las pruebas fósiles indican que la bahía de Daya pudo ser en su día un paraíso para el coral, ahora hay obstáculos para hacer de ella un refugio acogedor, explica Clark. No todos los corales están preparados para viajar a través del mar hasta un nuevo hogar. Y la bahía sufre una intensa contaminación, por lo que podría no ser idónea para albergarlos. Pero a la luz del nuevo descubrimiento, Clark afirma: «Deberíamos hacer lo posible por preservar esas zonas, por si acaso».



Alejandro Herrero 4ºA
IYC

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