miércoles, 12 de junio de 2019

Un Tinder para guepardos (Alejandro)

El olor de la orina podría ayudar a que estos grandes felinos encuentren pareja cuando están en cautividad.
Los zoológicos que pretenden criar guepardos tienen grandes problemas para emparejarlos. Ahora, los investigadores podrían haber encontrado una solución poco convencional: dejar que las felinas solteras elijan pareja dejándose guiar por el olor de la orina.

Una nueva investigación demuestra que las hembras de guepardo pueden detectar la proximidad genética con un posible compañero con solo oler su orina, y prefieren la de aquellos con los que tienen una relación más lejana. El hallazgo podría servir para mejorar los programas de cría en cautividad y ayudar a la conservación de estos veloces felinos.

«La orina transporta tanta información que es lógico que sea un canal que les ayude a decidir quién sería un buen compañero», aduce Regina Mossotti, directora de conservación y cuidado de animales en el Centro para Lobos en Peligro de Eureka, en el estado de Misuri, y autora principal del estudio con guepardos, publicado en julio en Zoo Biology.

Mossotti explica que los zoológicos que pretenden criar guepardos suelen tratar de aparearlos con animales de otros centros. Lo hacen para evitar la endogamia, que puede producir una descendencia menos sana. Los zoos utilizan un sistema de emparejamiento basado principalmente en la semejanza genética, pero sus cálculos no siempre sirven para que el apareamiento tenga éxito.

En su hábitat natural, las hembras de guepardo deambulan por todas partes y aparentemente examinan a sus posibles parejas olfateando las marcas de olor que dejan en su territorio. Por tanto, los investigadores querían poner a prueba la idea de usar la orina para «presentar» a posibles parejas en cautividad. Mossotti y su equipo recorrieron Estados Unidos recogiendo botellas de orina de guepardo en diferentes zoológicos. Luego, ofrecieron a 12 hembras las muestras de 17 machos «donantes de orina» con los que tenían distinta relación genética, y evaluaron la respuesta de los grandes felinos. Descubrieron que las hembras siempre pasaban más tiempo cerca de la orina de los machos menos relacionados con ellas.

Paul Funston, director sénior de programas de Panthera (una organización global para la conservación de los felinos salvajes), que no participó en la investigación, opina que esta es interesante y que tiene un buen diseño experimental. Sin embargo, cuestiona la utilidad de los programas de cría en zoológicos para estos animales. «No hay demasiadas pruebas de que sea posible reintroducir en su hábitat natural a guepardos que están en cautividad», dice, aunque reconoce que la cría en cautividad de algunas subespecies en grave peligro de extinción podría estar más justificada.

La siguiente fase de la investigación consistiría en comprobar si esta «prueba de orina» se traduce en un mayor éxito en el apareamiento. Aunque conseguirlo no será sencillo, Mossotti afirma que su equipo ya está cambiando la manera de pensar de los zoológicos con respecto a cómo gestionar sus poblaciones cautivas.



Alejandro Herrero 4ºA
IYC

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